Crisis de pareja: cuando el verdadero éxito es saber separarse a tiempo
- Javier Padilla
- hace 22 horas
- 4 min de lectura
Creo que una de las preguntas más difíciles y dolorosas que puede instalarse dentro de una relación es esta:
¿Llegó el momento de separarnos?
Desde mi experiencia en consulta tengo una regla bastante clara: si esa pregunta ya apareció y lleva un tiempo dando vueltas, merece ser conversada.
Y cuando digo conversada, me refiero también a hablar con la persona directamente involucrada: tu pareja.
Buscar a una amiga, a tu mamá o a alguien cercano para desahogarte puede ser necesario y saludable. A veces necesitamos ordenar primero lo que sentimos con alguien de confianza.
Pero llega un momento en que el termómetro real de la relación sólo puede medirse entre quienes forman parte de ella.
Cambiar de asiento en el cine
Cuando estamos atrapados dentro del conflicto pasa algo parecido a sentarse en la primera fila del cine.
La pantalla es gigantesca.
Cuesta ver la película completa.
Cada problema ocupa todo nuestro campo visual.
Para tomar una decisión necesitamos, de alguna manera, cambiar de asiento y mirar la relación con cierta distancia.
Pregúntate:
¿Cómo está nuestra vida sexual?
¿Hace cuánto no nos damos un beso real, un abrazo espontáneo o una muestra de cariño que no sea automática?
¿Nos reímos juntos?
¿Tenemos proyectos, conversaciones, intereses o sueños compartidos?
Y una pregunta especialmente incómoda:
Si no estuvieran los hijos, ¿elegiríamos seguir juntos?
No necesitas contestarlas todas inmediatamente. Pero las respuestas pueden empezar a mostrarte una película que desde la primera fila era difícil ver.
No todas las crisis son iguales
En terapia de pareja suelo encontrar situaciones muy diferentes.
Hay parejas atravesando un mal momento que, a pesar del conflicto, todavía logran encontrarse. Hay cariño, existen momentos de conexión y ambos reconocen que algo no está funcionando y quieren intentar repararlo.
El problema es que muchas parejas piden ayuda bastante tiempo después.
Y entonces aparece otro escenario.
Parejas que dejaron de sentirse equipo. Algunas discuten prácticamente por todo. Otras ni siquiera discuten: aprendieron a evitar cualquier conversación difícil y, poco a poco, comenzaron a soltar la relación en silencio.
En esos casos, seguir juntos a toda costa no necesariamente representa un éxito.
A veces el trabajo consiste en descubrir si todavía existe una relación que ambos quieren reconstruir.
Y otras veces consiste en lograr una separación madura, respetuosa y responsable, especialmente cuando existen hijos.
Porque una cosa es terminar una relación de pareja.
Otra muy distinta es dejar de asumir las responsabilidades que existen como padres.
El peligro de hacer el duelo dentro de la relación
Piensa qué podría cambiar si una persona pudiera decir, antes de llegar al límite:
“El otro día me pillé imaginando cómo sería mi vida si estuviéramos separados”.
No como amenaza.
No durante una pelea.
No para provocar miedo.
Sino como una forma de compartir honestamente lo que está ocurriendo por dentro.
Muchas veces esas conversaciones se evitan por miedo a la reacción del otro, por el qué dirán o simplemente porque nadie sabe cómo empezar.
Y mientras tanto puede ocurrir algo especialmente doloroso: uno de los dos comienza a vivir el duelo sin haber terminado oficialmente la relación.
Pasan meses —a veces años— procesando en silencio la posibilidad de separarse.
Cuando finalmente comunican la decisión, la otra persona queda en shock y quiere buscar soluciones inmediatamente.
El problema es que uno recién empieza a enfrentar la ruptura mientras el otro lleva mucho tiempo despidiéndose.
La reunión de socios que nadie quiere tener
A veces pienso en la pareja como una empresa.
Si una empresa importante descubre que tiene un problema serio, sus responsables no deberían ignorarlo esperando que desaparezca.
Se sientan.
Revisan qué está pasando.
Buscan alternativas.
Piden ayuda externa cuando es necesario.
En una relación debería existir también la posibilidad de decir:
Tenemos un problema. Hablemos antes de que sea demasiado tarde.
Y si ya no pueden tener esa conversación sin terminar atacándose o evitando el tema, la terapia de pareja puede ofrecer un espacio para ordenar lo que ocurre.
Eso no significa necesariamente que la terapia vaya a mantenerlos juntos.
Su objetivo tampoco debería ser obligarlos a separarse.
Puede ayudarles a comprender qué relación tienen hoy y qué decisión quieren tomar con mayor claridad y responsabilidad.
Quedarse también puede ser una decisión
Separarse es difícil.
Duele.
Implica duelo, cambios y muchas veces miedo.
Pero tampoco quiero que esto se lea como una invitación automática a terminar una relación cuando aparecen problemas.
Si descubres que todavía amas a tu pareja, que existe algo que ambos quieren cuidar y que estás dispuesta a trabajar en ello, también puedes jugártela.
La pregunta no es solamente:
¿Me quedo o me voy?
Quizás primero sea:
¿Qué tendría que cambiar para que yo quisiera seguir estando aquí?
Y después:
¿Estamos ambos dispuestos a trabajar por ese cambio?
Recuperar la paz como norte
Sea cual sea la decisión, hay algo que no debería perderse de vista.
Vivir durante años angustiados, sintiéndose poco queridos o funcionando completamente en piloto automático también tiene un costo.
Para ti.
Para tu pareja.
Y para la familia que existe alrededor.
Por eso quiero dejarte con una última pregunta:
Si alguien pudiera garantizarte que todo va a estar bien, ¿elegirías quedarte en esa relación o marcharte?
No necesitas responderla hoy.
Pero quizás vale la pena escuchar qué aparece cuando la lees.
Si necesitan ayuda para mirar la relación
Todas las parejas pueden atravesar crisis. Algunas se resuelven conversando y haciendo cambios; otras necesitan apoyo profesional.
Si sienten que llevan tiempo estancados y ya no consiguen avanzar solos, Centro Araluz cuenta con atención clínica en terapia de pareja y sexualidad.
Pedir ayuda a tiempo no define el resultado de la relación. Puede ayudarles a entender mejor qué está pasando y qué quieren hacer con ello.

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