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¿Por qué nos da tanto miedo amar de verdad?

A veces una frase aparece en el momento justo y logra desarmar varias de nuestras certezas.

Hace un tiempo, mientras leía Crossfire, de Sylvia Day, me encontré con una pregunta que se quedó dando vueltas en mi cabeza:


¿Cómo se puede profundizar en una relación si no conocemos los secretos del alma de la persona que amamos?


Quédate un momento con esa pregunta.

Porque si somos honestos, la mayoría buscamos algo bastante parecido.

Queremos vínculos reales.

Queremos conexión.

Queremos sentirnos vistos, comprendidos y queridos por quienes realmente somos.

Queremos esa profundidad.


Pero pocas veces hacemos la contrapregunta:

¿Realmente estamos dejando que la otra persona nos conozca?


La otra cara del amor

Amar tiene una parte maravillosa.

La ilusión del encuentro.

Las risas.

La complicidad.

La calidez de sentir que alguien eligió estar contigo.

Pero también existe otra parte que no aparece tanto en las películas.

Amar implica riesgo.

Significa permitir que otra persona se acerque a lugares que normalmente intentamos proteger.

Nuestras inseguridades.

Nuestros miedos.

Aquellas historias del pasado que todavía duelen.

Las partes de nosotros que tememos que alguien pueda mirar y pensar:

“Esto no es suficiente para mí”.

Y justo ahí empiezan a aparecer preguntas que probablemente todos hemos sentido alguna vez.

¿Y si me rechaza cuando me conozca de verdad?

¿Y si yo me entrego más que la otra persona?

¿Y si me equivoco y vuelvo a terminar con el corazón roto?


Cuando intentamos amar sin arriesgarnos

Para protegernos de ese posible dolor comenzamos a construir defensas.

A veces ni siquiera somos conscientes de ellas.

Mostramos nuestra mejor versión.

Dosificamos lo que sentimos.

Callamos aquello que nos molesta.

Evitamos ciertas conversaciones.

Esperamos que el otro adivine lo que necesitamos.

Y empezamos a jugar a lo seguro.


El problema es que es muy difícil construir intimidad profunda mientras estamos permanentemente defendidos.


Queremos que alguien nos conozca, pero escondemos las partes que podrían hacernos sentir expuestos.

Queremos confianza, pero tenemos miedo de entregar información que después pueda ser utilizada para herirnos.

Queremos amor, pero también queremos garantías.

Y las garantías son precisamente una de las cosas que una relación humana nunca puede entregarnos por completo.


El superpoder de la vulnerabilidad

¿Cómo puede alguien amarnos por quienes somos si sólo conoce la versión cuidadosamente editada que decidimos mostrar?

Ahí aparece uno de los desafíos más grandes del amor:

ser vulnerable.

Vulnerabilidad no significa contarle todo a cualquiera ni dejar de poner límites.

Tampoco significa soportar situaciones que nos hacen daño.


Significa atrevernos a decir:

“Esto me pasa”.

“Esto necesito”.

“Esto me asusta”.


Aunque no podamos controlar completamente qué hará la otra persona con esa información.

A veces amar implica sostener conversaciones incómodas que llevamos semanas evitando.

Reconocer que estamos celosos.

Admitir que algo nos dolió.

Pedir cariño.

Decir que tenemos miedo.

Reconocer que no sabemos.

Y muchas veces ese lugar que más miedo nos da mostrar es precisamente donde empieza una intimidad mucho más auténtica.


Algunas preguntas incómodas

Quiero dejarte algunas para pensar:

¿Qué parte de ti sigues escondiendo porque temes que tu pareja deje de quererte si la conoce?


¿Hay algo importante que necesitas decir pero sigues esperando el “momento perfecto”?

¿Estás construyendo una relación o protegiéndote permanentemente de ella?


No tienes que responderlas en voz alta.

Pero quizás vale la pena escuchar qué aparece.


Amar no significa vivir sin miedo

Probablemente el miedo nunca desaparezca por completo.

Amar significa, en parte, aceptar que no podemos controlar el resultado.

Podemos elegir cuidadosamente.

Podemos comunicarnos.

Podemos poner límites.

Podemos observar cómo nos trata la otra persona.

Pero no podemos amar profundamente y al mismo tiempo eliminar todo riesgo emocional.

Cerrar completamente el corazón puede protegernos del dolor.

También puede protegernos de vivir muchas de las cosas que deseamos.

Quizás el objetivo entonces no sea dejar de tener miedo.

Quizás sea aprender a no dejar que el miedo tome todas nuestras decisiones.


Sigamos conversando

Si esta reflexión te hizo pensar en tu propia historia, en Hoy Me Toca vas a encontrar más conversaciones sobre pareja, sexualidad, maternidad, identidad y todo aquello que a veces cuesta poner en palabras.


Apoyo clínico secundario: Si este tema está generando un malestar que quieres trabajar individualmente o en pareja, puedes buscar acompañamiento profesional. Centro Araluz es el espacio clínico asociado para este tipo de atención.



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