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¿Dónde quedó la mujer que era antes de ser mamá?

Hay preguntas que muchas mujeres se hacen en silencio frente al espejo, pero que pocas veces se atreven a decir en voz alta.

Después de convertirnos en mamás, muchas cosas cambian.

Aprendemos a convivir con el cansancio, las noches interrumpidas, nuevas responsabilidades y una entrega hacia nuestros hijos que fácilmente puede empujarnos al último lugar de nuestra propia lista.

Y no hablo solamente de cambios físicos.

Hablo de algo bastante más profundo.


De mirarte un día al espejo y preguntarte:


¿Dónde quedó esa mujer que se sentía linda, independiente, segura, sensual y conectada con su propio deseo?

Entre responsabilidades, trabajo, sueño acumulado y crianza, es fácil empezar a dejar de reconocernos.

Cambia el cuerpo.

Cambian los tiempos.

Cambian las prioridades.

Y también puede cambiar la forma en que nos miramos.


Entonces aparece una idea peligrosa:

“Ahora soy mamá. La mujer que era antes desapareció”.

Pero quiero decirte algo por si hoy necesitas leerlo:

Esa mujer no desapareció.

Está transformándose.

Adaptándose.

Aprendiendo a habitar una versión diferente de sí misma.


No necesitas recuperar el cuerpo de antes

Volver a sentirte deseable no debería significar recuperar exactamente el cuerpo que tenías antes de ser mamá.

El tiempo no funciona hacia atrás.

Y tú tampoco tienes por qué hacerlo.

Quizás el camino sea empezar a reconciliarte con tu cuerpo actual y con la mujer que eres hoy, en lugar de exigirle que vuelva a parecerse a alguien que existió en otro momento de tu vida.

Sé que decirlo es muchísimo más fácil que hacerlo.

No existe una única fórmula.

Pero sí hay pequeñas cosas que pueden ayudarte a volver a hacerte espacio.


4 formas de volver a habitar tu sensualidad

1. Haz las paces con tu cuerpo

Tu cuerpo ha vivido cambios reales.

En lugar de mirarlo únicamente buscando aquello que ya no está, intenta empezar a observar también todo lo que ha atravesado.

No necesitas amar cada parte de tu cuerpo todos los días.

Quizás el primer paso sea algo bastante más alcanzable:

Dejar de tratarlo como un enemigo.


2. Respeta tus tiempos

Cada maternidad ocurre dentro de una historia y un contexto distintos.

Compararte permanentemente sólo puede hacer que el proceso resulte más pesado.

Y aquí tengo una recomendación bastante práctica: revisa tus redes sociales.

Si determinadas cuentas hacen que constantemente sientas que todas viven una maternidad perfecta, luminosa y ordenada menos tú, quizás no necesitas consumirlas todos los días.

Tu maternidad no tiene por qué parecerse a la de Instagram.


3. Vuelve a mirarte también como mujer

Antes de “mamá” existía tu nombre.

Y sigue existiendo.

Quizás hoy puedas recuperar pequeños gestos que no tengan ninguna utilidad para nadie más.

Usar ese perfume que te gusta.

Vestirte de una forma que te haga sentir bien.

Regalarte diez minutos de silencio.

Escuchar música.

Salir.

Leer.

Ponerte algo bonito sólo porque tú quieres.

No importa cuál sea el gesto.

Importa volver a reservar un espacio para esa mujer que también eres.


4. Permítete recibir

A veces la inseguridad nos hace levantar barreras incluso frente a cosas que sí deseamos recibir.

Un elogio.

Un abrazo.

Un momento de descanso.

Ayuda.

Cariño.

Deseo.

No se trata de decir que sí a todo.

Se trata de permitirte recibir aquello que sí quieres, manteniendo siempre tus propios límites.


La sensualidad no expira con la maternidad

No tiene fecha de vencimiento.

Puede cambiar, sí.

Puede necesitar otros tiempos.

Quizás no se sienta exactamente como antes.

Pero eso no significa que desapareció.

Cuando vuelves poco a poco a conectar contigo misma, también puede empezar a cambiar tu relación con el deseo.

Porque después de tener un hijo no tienes necesariamente que “volver a ser la de antes”.

Quizás el desafío sea conocer a la mujer en la que te estás convirtiendo.


Dos preguntas para ti

Si pudieras dejar por un momento tu rol de mamá a un lado, ¿qué te pediría hoy la mujer que también eres para sentirse mirada?


Y en tu intimidad:


¿Te estás permitiendo recibir placer y mirarte con amabilidad o sigues midiéndote con la vara de quien eras antes?


La maternidad puede ser profundamente transformadora y algunas etapas pueden resultar bastante más difíciles de lo que imaginábamos.

No tienes que resolver todo sola.


Si necesitas acompañamiento profesional

Si sientes que necesitas un espacio terapéutico para transitar lo que estás viviendo, Centro Araluz puede acompañarte desde el ámbito clínico.


Y si no sabes qué tipo de profesional podría ser adecuado para ti, puedes escribirnos para orientarte.

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